JERZY RADŁOWSKI NOWAK – LAMENTAMOS SU PÉRDIDA (13-04-2020)

Un Polaco en Madrid  rECUERDOS DE jERZY rADŁOWSKI – RECOGIDOS Y PRESENTADOS POR GRZEGORZ BĄK.

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He venido a este mundo sin quererlo, como todos y todas las criaturas que habitan en esta “Madre Tierra” que, para desgracia, es más bien madrastra que madre. Antes que yo llegaron al mundo mis tres hermanas: la primera, Zofía; la segunda, Irena; y la tercera, Halina. Yo fui el último y para siempre. Mis padres se llamaban María y Stanisław. Lo primero que vieron mis ojitos al nacer −quiero decir, cuando salí del vientre de mi madre− fue la luna, porque nací a medianoche. Nací en la ciudad de Cracovia, antigua capital de Polonia, en el barrio de Dębniki, cerca del río Vístula, en 1927. Soy de raza caucasiana, es decir blanco. También soy “infiel”, pero sólo para los islamitas. Aunque soy un pecador, como la mayoría de la gente, soy católico apostólico romano, al igual que toda mi familia.

En el año 1933 ingresé en la escuela pública, en la calle de Królowa Jadwiga (Reina Eduvigis), porque para entonces habíamos cambiado de domicilio y vivíamos en la calle Emaus, cerca del río Rudawa. El colegio era mixto, así que sentado en el primer banco me acompañaban dos chicas: a la izquierda, Danusia y a la derecha, Marysia. La profesora era  una señora muy mayor que se llamaba Kidyńska. Yo no era muy buen alumno, me portaba muy bien, muy educado, pero no estudiaba mucho. Cuando aprendí a escribir, que me entretenía tanto, comencé a escribir cuentos e historietas. Sentía mucha alegría cuando la profesora decía: “Para el lunes, tema libre. Podéis escribir lo que queráis”. Para mí esto era una gloria. Entonces escribía historietas

SENTÍA MUCHA ALEGRÍA CUANDO LA PROFESORA DECÍA:

“PARA EL LUNES, TEMA LIBRE, PODÉIS ESCRIBIR LO QUE QUERÁIS”.

PARA MI ESTO ERA UNA GLORIA.

muy largas y mis compañeros, sabiendo que la extensión de mis textos no daba tiempo para que leyeran los otros, pedían: “Que lea Radłowski”. Así fue hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. Pero antes ingresé en la escuela pública número cuatro de San Juan Cancio, en la calle Smoleńska, cerca del cine Świt, donde íbamos a menudo. Ingresé también en el coro que cantaba en el castillo de Wawel. Algunas veces también cantaba en la Iglesia de la Virgen María, ubicada en Rynek Główny (Plaza Mayor), frente al edificio histórico de Sukiennice (Mercado de Paños), y en la pequeña Iglesia de San Adalberto. En la Plaza Mayor también se celebraba el “Lajkonik”, que recordaba la invasión de las tropas tártaras. Soy cristiano y pecador, pero Dios Bondadoso perdonará mis pecados. Durante la Segunda Guerra Mundial, abandoné mi querida ciudad natal en compañía de mi hermana Irena y también un sargento mayor, huyendo de las tropas hitlerianas alemanas. No estábamos solos: había miles de personas, todas familias, incluso con niños pequeños en brazos. Con toda tristeza por dejar sus hogares, la gente solía cantar las canciones patrióticas polacas. Al atravesar los distintos pueblos, los labradores nos ofrecían comida, fruta, pan y lo que podían. Pero esta huida no duró mucho tiempo. ¿Por qué? Porque el aliado de Hitler, “Batiuszka” −es decir, “Padrecito” Stalin − lanzó sus tropas sobre Polonia. Curioso es que Hitler no era alemán, y Stalin tampoco era ruso sino georgiano. Así que al cabo de un tiempo tuvimos que regresar a nuestra ciudad natal, Cracovia. En el camino de regreso nos encontramos con las tropas del invasor alemán. La situación para nosotros, los polacos, era insoportable.

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Detenían a mucha gente sin ninguna razón, sólo por ser polacos. Mi padre fue detenido por los nazis y llevado al campo de concentración en Auschwitz. En el año 1942 comencé a trabajar en un taller de tejidos de alambre, cuyo dueño era un hebreo que se llamaba Aaron Twojwe Grynwald, quien me enseñó el oficio. Curioso es que después de terminar la guerra le encontré en una calle de Cracovia; gracias a Dios ha sobrevivido. Una noche, en el año 1942, gracias a mi cuñado Stanisław, juré fidelidad sobre la cruz en la mesa, y también sobre la bandera polaca con el águila blanca, como nuevo miembro de una organización clandestina llamada AK, sigla que significa “Ejército del País”, contra los invasores hitlerianos. En 1944 estalló el levantamiento en la capital polaca, Varsovia. Por aquella fecha regresaba yo en bicicleta de las montañas de Tatra, donde había recibido instrucción para luchar contra los enemigos hitlerianos. Al llegar a las periferias de Cracovia, en Borek Fałęcki, me sorprendió la cantidad de tropas de la SS. Me golpearon y tiraron de la bicicleta y me pusieron contra la pared de la iglesia, donde ya había varios hombres. Pensé en un instante que nos iban a fusilar, pues esa era la costumbre de los invasores. Sin embargo, en poco tiempo sucedió algo que ninguno de nosotros sospechaba: un oficial de alto rango dio la orden de meternos dentro de las cuevas que tenía la iglesia. Así se hizo. Tarde por la noche llegaron los camiones que nos llevaron al campo de trabajos forzados en las afueras de Cracovia, donde permanecí varios días. Como por aquel tiempo

UNA NOCHE, EN EL ANO 1942, GRACIAS A MI CUNADO STANISŁAW, JURE FIDELIDAD SOBRE LA CRUZ EN LA MESA, Y TAMBIÉN SOBRE LA BANDERA POLACA CON EL ÁGUILA BLANCA, COMO NUEVO MIEMBRO DE UNA ORGANIZACIÓN CLANDESTINA LLAMADA AK, SIGLA QUE SIGNIFICA EJERCITO DEL PAIS, CONTRA LOS INVASORES HITLERIANOS

había tantos detenidos, toda la ciudad estaba parada, lo cual no favorecía a los alemanes. De aquel campo me enviaron a Gasógeno, donde se produce el gas para la ciudad de Cracovia. Ellos también lo necesitaban para sus cuarteles. De aquella central pude escapar con la ayuda de la organización, que me proveyó de documentos falsos y me envió a Stanisławów, al este de Polonia, donde vivía mi hermana mayor. Allí estuve sólo dos días porque entraban los bolcheviques, los rojos comunistas. Bajo nombre falso permanecí en la capital, Varsovia, en un campo de voluntarios para la reconstrucción de la ciudad en ruinas, donde había un montón de yugoslavos enviados por el mariscal Tito, como buen comunista. En 1947 abandoné mi querida patria y, pasando el muro de Berlín, llegué hasta una ciudad llamada Mepen, cerca de la frontera con Bélgica, que los polacos llamaban Maczków porque fue por ellos liberada bajo el mando del general Maczek. En un hospital militar me extrajeron una bala de la pierna. Más tarde ingresé en la primera división blindada del Octavo Ejército Británico. Por la presión del gobierno polaco comunista de Varsovia y su protectora, la Unión Soviética, abandonamos Alemania en dirección a un país aliado: Francia. En los camiones de nuestro ejército cruzamos la frontera hacia Francia. Al atravesar la ciudad de Verdun nos recibieron con aplausos y fl ores y llegamos a la capital, París, donde el día 27 nos licenciaron del ejército. Éramos ya civiles, pero seguíamos usando nuestros uniformes.

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Al poco tiempo abandonamos París, mis dos amigos y yo, y nos dirigimos a la ciudad de Toulouse, donde comenzamos a trabajar en una fundición de cristal. Allí trabajaban los rehenes alemanes. Un día, de paseo por la ciudad, nos topamos con una manifestación comunista. Los manifestantes llevaban enormes pancartas con imágenes de Stalin, Lenin, Trotsky y Marx. Asustados, abandonamos el territorio francés, cruzamos los montes Pirineos y arribamos a la frontera española. Al otro lado del rio Bidasoa había una patrulla de la Guardia Civil española. Nos saludaron amablemente e indicaron con las manos que podíamos cruzar el rio. Así lo hicimos y, al llegar, nos convidaron con vino y tortilla. Llamaron también a la policía secreta, que nos llevo a la ciudad de San Sebastián. En el viaje en tren, contentos, empezamos a cantar la canción polaca sobre la batalla de Monte Casino. Los agentes no entendían la lengua polaca, pero entendieron dos palabras:  “maki” (en polaco “amapolas”) y “monte”. “Makis”, en España, eran los terroristas, así que en vez de recibir asilo político terminamos en la cárcel de Ondarreta. Nunca fuimos juzgados. Pasamos de Ondarreta a la cárcel de la ciudad de Vitoria y, por ultimo, al campo de trabajo de Nanclares de la Oca, de donde, gracias a la constante intervención de la Embajada Polaca en Madrid (del Gobierno Polaco en el Exilio en Londres) salimos libres, pero debíamos presentarnos todos los días en el cuartel de la Guardia Civil. Trabajamos en el pueblo de Vergara en Altos Hornos. A finales del ano 1948 nos condujeron dos guardias a la frontera francesa. Desde allí me dirigí al Departamento del Norte, donde trabaje en la construcción. Mas tarde me marche a los puertos, donde por fin pude embarcar hacia Inglaterra, desde donde comencé a viajar por todos los continentes del mundo, en distintos buques de transporte de mercancías. Por problemas de salud, tuve que desembarcar en Japón y fui operado en la ciudad de Osaka. Ya repuesto, inicie el ultimo viaje desde Japón hacia Hong Kong, Manilla y Roma, donde permanecí una corta temporada. De allí partí hacia Madrid, donde llegue en el ano 1951. En España trabaje como interprete de la Guardia Civil y también en hoteles, en la televisión y en el cine. En 1963 conocí a quien es actualmente mi mujer, Pilar Toribio. Ya soy jubilado y, gracias a Dios, tengo seis nietos y una nieta. Con dificultad, pero vivo feliz. Es todo lo que puedo decir de mi, porque si dijera otras cosas, podría pecar de indiscreto.

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Colaboró en esta nota: Grzegorz Bąk:

*Jerzy Radłowski Nowak. (1927 – 13.04. 2020)) Nació en Cracovia (Polonia) en 1927. Al estallar la Segunda Guerra Mundial tuvo que interrumpir sus estudios. Su padre fue llevado al campo de concentración de Auschwitz. Jerzy ingresó en las fi las de AK (Ejército del País), el ejército clandestino dependiente del gobierno polaco exiliado en Londres. En 1944 fue detenido por los alemanes y obligado a realizar trabajos forzados. En 1947 huyó de Polonia bajo el dominio soviético y llegó a la ciudad alemana de Mepen, donde estaba acuartelado el ejército polaco fiel al gobierno polaco en el Exilio. Licenciado del ejército, se encontró en Francia, desde donde se dirigió hacia España. Tras cruzar la frontera fue arrestado y llevado a las cárceles de Ondarreta y Nanclares de la Oca. Al recuperar la libertad trabajó como marinero. En 1951 se estableció definitivamente en España. Se desempeñó como intérprete y como actor en películas españolas y extranjeras (Doctor Zhivago, Al este de Java, La batalla de las Árdenas, etc.). Animado por el poeta Józef Łobodowski, se ha dedicado a escribir poesías. Era una fi gura activa de la vida cultural de la colonia polaca en Madrid.

Fuente de publicación:

Intramuros. Biografías, Autobiografías y Memorias. Año XVII, nº 33, Invierno 2010-2011, pp.20-22.Director: Beltrán Gambier.
Queremos expresar nuestros agradecimientos a Beltrán Gambier (Director de Intramuros) por su permiso para publicar este texto en nuestro portal.